Natán era un atlético y guapo chico italiano. Tenía un hermoso cuerpo. Era alto, espigado, de 22 años, piel morena. Sus ojos eran grandes, con hermosas y profundas cejas y largas y enchinadas pestañas. Estaba en el equipo de fútbol americano de su facultad, que era la de Derecho, y era la adoración de las chicas de la Universidad.
En un viaje deportivo a Grecia conoció a su primo Alejandro, que estudiaba en la Facultad de Historia de la Universidad Nacional. Él era alto y trigueño, de 27 años y de su padre había heredado unos hermosos ojos oscuros, con rasgos tan finos que se podría decir que era la encarnación del mismo Apolo. Él también era parte del equipo de fútbol americano de su facultad y era muy popular entre muchos hombres, más que entre las chicas.
En cuanto Alejandro vio a Natán en un encuentro de semifinales quedó profundamente enamorado de él. Lo que no sabía es que los estrechos lazos familiares que los unían, los separaban del amor carnal que sus cuerpos se podrían prometer. Y otro problema era que su familia es profundamente católica. Incluso su tío era el cardenal de Venecia. La madre de Alejandro era socia supernumeraria de la rama femenina del Opus Dei en Grecia y su tía, la mamá de Natán era la presidenta del consejo católico para mujeres ejecutivas de la Unión Europea. Ese mismo día se enteraron que eran primos, pues ambos llevaban en su cuello el medallón de la familia Crecente.
Alejandro no podía soportar esa situación. Se sentía cada noche más desesperado, porque no podía dejar de pensar en él a pesar de tener tantos amigos con los que podía desahogar sus necesidades sexuales. Es lógico que sus papás no supieran nada del asunto. Ellos creían que su hijo estaba empezando a consumir estupefacientes, así que cada vez que se acercaban a él, Alejandro se desesperaba más y los dejaba groseramente, pero sabía que eso era lo mejor. ¿Qué pasaría si su familia se enteraba de sus sentimientos? Seguramente le quitarían todo lo que le han dado, y todavía no tiene la preparación económica, sicológica o espiritual para iniciar una vida alejado de su familia.
Para las vacaciones de Semana Santa, la familia de Alejandro decidió ir por primera vez en 30 años a Roma. El encuentro de sus hijos les hizo recordar lo mucho que se extrañaban y lo tanto que se habían olvidado los unos de los otros por el exceso de trabajo. Solo el cardenal se mantenía en contacto con toda la familia. Ante esta excelente noticia, Alejandro se sentía nervioso y emocionado a la vez. Muy pronto podría volver a ver a su primo Natán y admirar su hermoso y sensual cuerpo. Incluso tendría la oportunidad de llegar a algo más si lo lograba emborrachar alguna noche.
Ya era Jueves Santo y todos estaban en la Basílica de San Pedro para presenciar el Lavatorio de Pies por parte de Su Santidad, Benedicto XVI. Alejandro se quería sentar junto a Natán, pero Elena, una de sus amigas se le adelantó, mientras que el lugar del otro lado ya estaba ocupado por sus papás. Alejandro no podía resistir las ansias de ver a Natán con su nuevo corte de cabello y lo hermoso que se veía con su traje nuevo, especialmente comprado para la entrevista que tendrían con el Papa una vez terminada la ceremonia. De vez en cuando le dirigía una mirada muy discreta.
Llegó el Domingo de Resurrección y finalmente pudieron tener un momento a solas, cuando Natán invitó a Alejandro a tomar una nieve y dar unas vueltas por el centro de la ciudad. En ese momento Alejandro sintió un gran nerviosismo. Casi no podía hablar de la emoción, pero aceptó. En el camino conoció el Coliseo y se imaginó cuántas escenas eróticas se pudieron haber visto ahí, en la arena, en las galeras, en todas partes. Plaza por plaza y vía por vía el helado se terminó y la plática todavía no llegaba al punto que Alejandro deseaba. Todo era deportes, autos, ropa, las experiencias de Semana Santa...
Finalmente llegó el Lunes de Pascua y las familias tuvieron que regresar a sus actividades en Grecia y Roma. Alejandro no pudo conseguir nada y se sentía muy desesperado. Se enteró que de entre las actividades de esparcimiento que realiza el grupo de teatro de la Universidad, el viernes siguiente viajarían al Partenón, así que decidió unírseles.
En el Partenón, Alejandro recordaba mucho a Natán. Las imágenes de hombres griegos desnudos y juntos y lo que escuchaba sobre sus historias, lo hacía pensar que Natán algún día estaría junto a él, abrazándolo desnudo en la cama. Entonces tuvo una fantasía. Si tal vez Afrodita existiera podría mover el corazón de su primo y hacer que se enamore de él. Después de todo es la diosa de la belleza y el amor. Pero, solo era una fantasía. Su Dios era Cristo y él respeta el libre albedrío.
-¿Qué es eso?- Se preguntó. A lo lejos había un extraño ser que se movía. ¡Era imposible! Parecía un fauno, pero los faunos no existen. Llegó el momento en que uniendo su visión con la realidad entendió que solo debía ser algún actor a punto de dar una representación teatral acerca de la historia de Pan o algún otro fauno. Entonces la criatura se le acercó y le dijo: -"Buenas tardes, querido señor invocador de la diosa de la belleza. Yo soy Pan, espíritu guardían de los templos de los antiguos. Veo que sus deseos son muy fuertes, son los que me han hecho materializarme frente a usted".
- Alejandro no lo podía creer. El fauno realmente era Pan, sabía lo que pensaba, pero lo más tenebroso es que sabía lo que sentía. Pan continuó: -"Si el señor Alejandro, que lleva el nombre del gran conquistador, realmente desea ser amado por Natán de la misma forma en que él lo hace, debería visitar a la mismísima diosa Afrodita, mi señora, que ahora vive confinada en su templo en el Olimpo. Es verdad que los hombres no pueden subir hasta allá, pero yo veo que usted tiene la fuerza y el deseo necesario para superar las pruebas que el Monte pone a los mortales."
-Al momento el fauno desapareció y un gran terremoto se sintió bajo sus pies. De el templo de Palas Atenea empezó a surgir una enorme montaña de tierra roja, que cuando dejó de crecer, su cúspide alcanzaba las nubes. Alejandro ya no daba crédito a lo que veía. El Partenón, Grecia, ya nada estaba ahí. Solo el Monte Olimpo. Pensó en las palabras de Pan y decidió llegar hasta Afrodita para obtener lo que quería.
Emprendió el viaje y en las faldas del Monte lo primero que encontró fue al Pegaso de Prometeo pastando. El equino se turbó al verlo y dijo: -"¡Un hombre en las faldas del Olimpo! ¡Abrase visto algo semejante! Lo más parecido que recuerdo fue la irrupción de Hércules en nuestra paz. ¿A qué has venido, humano?" -Alejandro contestó que iba a ver a la diosa Afrodita para poder cumplir los deseos de su corazón. Inmediatamente después Pegaso soltó un relincho de furia mezclada con espanto hacia Alejandro. Dijo: -"De entre todos los dioses solo he conocido a uno que se preocupe por los hombres. Mi amo Prometeo. Ni Zeus, ni Atenea, que se cuentan entre los más nobles. Mucho menos Efesto o Poseidón se han preocupado por ellos desde la guerra de Troya... ¡Afrodita! Ella es la menos indicada para escuchar los motivos de tu corazón".
-Alejandro no entendía. En sus libros había leído, ciertamente, que Afrodita era sumamente egoísta, pero su corazón no le iba a permitir creer en eso. Se despidió de Pegaso y siguió adelante, pues el equino no le quiso ayudar sabiendo que no tendría éxito. Llegó el momento de ascender. El Monte Olimpo le enseñaba una pendiente muy inclinada, pero eso no sería problema para él, tenía una excelente condición gracias a los entrenamientos de americano, así que emprendió la subida.
Medio día después, cansado y sin comida, ya había llamado la atención de los dioses. Zeus ordenó que le dieran lluvia y manzanas, pues quería ver hasta donde llegaba. La suave llovizna cayó sobre su cuerpo, refrescándolo. Y cerca de donde estaba vio aparecer un árbol de manzanas, así que comió de ellas.
Cuando ya se hubo recuperado siguió el camino y se encontró con un búho bastante grande, de color azul y con ojos profundamente negros. En el momento en que el ave lo alcanzó a ver voló frente a él y le dijo: -"Siempre pensé que ningún ser humano era digno de pisar esta tierra. Es natural, pues todos en el mundo saben lo que les espera. Dime humano, ¿qué es lo que a tu corazón anima?, ¿Por qué a tan grande peligro te aproximas?"
-Alejandro explicó sus motivos. El búho ululó de forma casi burlona y continuó: -"¿A la diosa de la belleza vas a visitar? ¿Quién crees que eres si piensas que le vas a importar? De cualquier manera de aquí no pasarás si primero mi acertijo no eres capaz de contestar. Y sabe que así quiero que sea, pues mi pico tus ojos desea."
-Alejandro preguntó el acertijo. En su corazón no le importaba luchar contra un espíritu amenazador ni contra nada para alcanzar el amor que deseba. Así que el ave comenzó: -"Si a mi acertijo no aciertas, los ojos pierdes y a tu camino vuelves tuerto. ¿Qué es más fuerte que la muerte y como el aire invisible, a la tierra reanima y por él no se causa la muerte, sino que se da hasta la vida?"
-Nuestro Alejandro, seguro y sonriente dijo: -"Eso no es nada difícil para alguien como yo que nació y creció en una familia como la mía. No sé quien eres ni por qué me pruebas así, pero la respuesta a tu pregunta no es otra que el amor. Por amor se puede vencer hasta a la muerte. Por ser un sentimiento nadie lo puede ver. Sabemos que el amor da la vida a la tierra, y como dice la escritura: 'nadie ama tanto a su prójimo como el que dá la vida por él'"
-El búho, sorprendido, respondió: -"Mucho ha avanzado la humanidad desde que nuestros dioses fueron desterrados de la Tierra. Pasa humano sabio. Pero ten cuidado, no vayas a escoger el camino equivocado porque ya no podrás subir, y desde ese punto ya tampoco podrás bajar. Un largo camino te espera, así que ¿Qué esperas? ¡Ya ponte a caminar!"
-Inmediatamente Alejandro emprendió el camino. Desde ese punto todo parecía más fácil. Durante un día entero caminó y por la noche durmió al abrigo de las estrellas. Cuando estaba profundamente dormido un aullido lo despertó. Junto a él había una jauría de perros. Eran los canes de Démeter, la diosa cazadora. Nunca habían visto a un humano, siempre perseguían ciervos blancos o criaturas del bosque. Cuando tomó conciencia de lo que sucedía uno de los perros se lanzó contra él. Pero alcanzó a esquivarlo y se levantó corriendo hacia el primer árbol, trepando para poner su vida a salvo. En el templo más alto del Olimpo, Zeus vio esto y ordenó a Démeter que tranquilizara a sus animales. A lo lejos se escuchó la melodía de su arpa y los perros se retiraron. Alejandro dio gracias a Dios. Zeus escuchó su pensamiento y encolerizado hizo retumbar un trueno, solo como advertencia. Por fortuna, el joven entendió rápido y bajó del árbol. El alba ya rasgaba el cielo nocturno. Alejandró pensó que pronto vería a la diosa y se le concedería conquistar el amor de su primo. Así que siguió adelante.
En esta ocasión comió de las viñas que crecían ahí naturalmente. Zeus lo consintió. Tenía curiosidad sobre hasta donde podría llegar. Alejandro se quitó la playera y dejó ver su escultural cuerpo, marcado por los años en el gimnasio y el fútbol americano. Siguió adelante hasta el medio día. Se encontró con una desviación triple en el camino. Entonces recordó lo que le había dicho el búho. Después de pensarlo detenidamente unos minutos llegó a la conclusión de que iría por el camino del centro. ¿Qué otro camino podría llevar hasta los dioses?
Cuando llegó al final del camino se dio cuenta que había elegido mal. Cuando intentó regresar, un trío de arpías se acercaron a él y le dijeron: -"Fuiste advertido. Este es un lugar prohibido para los humanos, y aunque interesaste al padre Zeus, la sentencia ya estaba pronunciada. No podrías continuar el ascenso si equivocabas el camino. Ahora eres nuestro alimento, pero la carne humana nos gusta más cuando sabe a tormento."
-Así, con sus garras empezaron a desgarrar la piel de Alejandro. Tira por tira se la fueron desprendiendo. El dolor inmediatamente hizo desfallecer al joven. La sangre empezó a correr por el Monte Olimpo y Alejandro ya no vio al Sol ponerse en el occidente. Su vida se había apagado para siempre.
Abajo en la Tierra, la policía griega ya estaba buscando a Alejandro ante la noticia de su desaparición hace cinco días. Y cuál fue la reacción de horror cuando a la mañana siguiente el titular de los periódicos amaneció con la leyenda "Encuentran cuerpo desollado en el Partenón". Los investigadores indagaron y descubrieron que se trataba del joven recién desaparecido. Nadie supo explicar cómo desapareció ni cómo fue asesinado, pero la tristeza invadió a la familia entera. Cuando Natán se enteró de esto, la tristeza y la desesperación se apoderaron de él. Inmediatamente fue corriendo a la capilla más cercana y ante la imagen de la Virgen María se arrodilló diciendo entre sollozos:
¡"Virgen Santísima, Madre de Dios y Madre nuestra, devuélvenos a Alejandro! ¿Es que no sabes que él es mi verdadero gran amor?, ¿Es que no sabes que pensaba declararle mis sentimientos este Verano, a pesar de todo? Por favor, Señora, dile a Dios que nos lo regrese... por favor... por favor..."





